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Una moción sin marcha atrás

La moción de censura de Vox fracasa y no obtiene ningún apoyo fuera del partido

Santiago Abascal durante la moción de censura. Fuente: 20minutos.es

La pasada semana, el partido Vox presentó su tan anunciada moción de censura contra el gobierno de coalición PSOE-Podemos. Después de varias horas de declaraciones y discursos, la moción no encontró ningún apoyo fuera de los 52 escaños de Vox. La moción se convirtió, así, en la menos apoyada de toda la democracia (que ha vivido 5).

Las intervenciones de los partidos se extendieron durante dos jornadas. El PP, a través de unas declaraciones inesperadamente directas de Pablo Casado, rompió toda relación con Vox. Para PP y PSOE, la moción de censura no fue el único tema que tratar. Aprovechando la ruptura de relaciones con la formación verde, PP y PSOE han iniciado unas previsiblemente crudas negociaciones sobre la futura reforma del CGPJ. Pablo Casado dejó claras sus condiciones, entre las que destaca que Unidas Podemos se mantenga completamente al margen de dicha reforma.

Las declaraciones de Vox fueron, como cabía suponer, muy polémicas. No solo por parte de Abascal, sino también de Ignacio Garriga, portavoz del comité ejecutivo nacional de Vox. Entre otras cosas, Garriga (y compañía) justificaba la censura política, a Podemos, concretamente: “que quieran convertir el país en una república bananera ya es motivo suficiente para censurarles”, acusó. Abascal, al principio, recondujo la conversación hacia otros temas, también repetidos hasta la saciedad por su formación: ETA, la mafia socialista, el “engaño electoral”.  Para la mayoría no fueron sorprendentes. Dieron los golpes donde acostumbraban. Sí que lo fueron, no obstante, las del PP.

Casado ha dado lugar a una reflexión mucho más interesante acerca del futuro del país. Sus declaraciones contra Vox causaron furor en los asientos del congreso. Cabe preguntarse si será capaz de recuperar los votos que perdió en las pasadas elecciones y que fueron a parar al PSOE. Los de exvotantes del PP que se pasaron a Vox serán más difíciles de recuperar. De hecho, es posible que pierda más por esa vía. Aun con todo, votantes y miembros del PP llevaban tiempo esperando que volviese a alinearse, definitivamente, con la centroderecha europea. En resumidas cuentas, mucha gente quería que el PP volviese a ser lo que siempre ha sido.

Pablo Casado durante su intervención en la moción de censura

Desde este punto de vista, el gran debilitado de la situación podría ser el PSOE. Si pierde votos que regresan al PP, mientras que Vox se mantiene con los más extremistas y Podemos con los jóvenes de izquierdas, ¿de dónde puede ganar? Para esto, tal vez, sea decisivo resolver el problema del CGPJ apropiadamente. Si el PP se ve con mucha fuerza, nadie puede asegurar que no se planteen una nueva moción de censura. Puede que unas elecciones (para que no perdamos la costumbre).

Respecto a Vox, aunque no hay grandes razones para sospechar que vaya a perder muchos votos, sí que podrían enfrentarse a otros problemas. Vox es un partido que defiende sus ideas con mucha vehemencia, y que se ve en problemas cuando uno de sus miembros disiente. Bien porque se pasa de extremo (cada vez más difícil) o por lo contrario. En Vox, además, ese problema viene acompañado de otro bien grande: es difícil querer ser tan liberal y, al mismo tiempo, tan conservador. Y todos sabemos que Vox es, de corazón, un partido conservador.

Durante sus intervenciones en el hemiciclo del día 21 se constataron algunos buenos ejemplos de esta dicotomía liberal-conservadora tan difícil de mantener. ¿Cómo puede atacar Abascal a las grandes tecnológicas, defendiendo implícitamente medidas como la tasa Google, si en teoría están en contra? Al menos, eso es lo que se puede leer en su programa, que busca la reducción de impuestos a las grandes empresas. Grandes tecnológicas incluidas. No solo lo pone en su programa, sino que lo dicen de tanto en tanto.

Si de algo pecó claramente el partido de Abascal fue de no saber dónde enfocar, exactamente, su ataque. No fueron tan agresivos como otras veces (de hecho, ninguno fue tan agresivo como estábamos acostumbrándonos a ver). Pero se abrieron demasiados frentes, y no pudieron defenderlos todos. Muchas cosas se abandonaron a la interpretación. Por ejemplo: los inmigrantes legales que cometan delitos recurrentes serán deportados, y los que ataquen a la corona también. Pero ¿qué es atacar a la corona? Viniendo de Vox, declararse públicamente como republicano o como a favor de que España se convierta en una república ya es un ataque a la corona. ¿Debemos concluir que, para Vox, un inmigrante (legal o ilegal) no puede hacer público un pensamiento republicano?

Que haya mencionado que la moción de censura tuvo un tono más “calmado” de lo normal en las últimas semanas no significa que fuese respetuosa. O, más bien, suave. Los insultos y vejaciones oídas en el congreso la pasada moción pueden ser algunos de los más duros y atrevidos de toda la democracia. Lo más benévolo que recibieron los de Vox fue que Errejón los comparase con el “matón de clase”. No parece que se les vaya a tener algún tipo de respeto extra por ser la tercera fuerza política española. Sus opositores parecen dar de lado con total facilidad a los casi 4 millones de españoles que votaron a Vox, como si los tomasen por un caso perdido. Sorprendentemente, quien menos parece optar por esta estrategia es Rufián. El diputado de ERC hizo referencia a “los obreros” y “los explotados”, asegurándoles que, votando a Vox, no apoyaban a los suyos como ellos pensaban, sino a los explotadores.

Algunos medios ya se han atrevido a realizar sondeos sobre el impacto que esta moción de censura tendrá sobre los votantes. Según OKDiario, Vox saldría beneficiado y ascendería a 58 escaños, mientras que el PP perdería 11. Si esto fuese cierto, los dos partidos acabarían sorprendentemente igualados.

Pero, si la gente ya se ha acostumbrado a no hacer ni caso a las encuestas de las elecciones generales, es complicado que se crean estas. Y es normal. Nadie, ni siquiera los propios votantes, sabe cómo afectará esta moción. Cuando todo se enfríe y la gente reflexione, todo dependerá de las circunstancias.

Sería mejor si nos centrásemos en lo seguro. Si alguien aún se tomaba la reforma del CGPJ como algo irreal, ahora el PP se ha subido al carro. Para no quedarse corto con eso de volver a ser lo que siempre ha sido. Si se abre la veda para alcanzar la palanca que devuelva al país al bipartidismo, por supuesto que el PP se volverá loco.

¿Y si en España no sabemos vivir con más de dos partidos? Se unieron un par al carro, cuando Unidas Podemos y Ciudadanos dieron el gran salto al Congreso. Pero somos unos bebés (en cuanto a la inexperiencia). Tanta diversidad de colores nos está matando. Nuestro parlamento podría ser una bomba de relojería programada para estallar tan pronto como la crisis del Covid termine.

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