ACTUALIDAD

Multiculturalismo y neoliberalismo según el catolicismo

Estamos en el siglo XXI, es completamente normal sentir cierta aversión a la palabra Iglesia. El creacionismo se superó hace años, anualmente salen en las noticias escándalos relacionados con abusos sexuales por parte de sacerdotes, fenómenos que antes se explicaban con Dios ahora tienen una explicación científica, ya no hay apariciones divinas como en la Edad Media, ciertas corrientes filosóficas han puesto en duda la existencia de un dios, los partidos políticos a favor del catolicismo suelen ser de ideología conservadora o liberal, y un largo etcétera de motivos por los que uno diría que la religión cristiana está completamente pasada de moda y nada tiene útil que decir a los jóvenes. Entonces ¿qué va a pasar con el catolicismo?

La Iglesia Católica, como todo, se va adaptando a los tiempos, aunque muchas veces lleva unas décadas de retraso. Ya desde el papa Juan Pablo II vemos que la Iglesia tiene otros motivos que cada vez adquieren mayor relevancia que la predicación del rezo y la misa, como las relaciones diplomáticas entre países para evitar guerras por la fuerte influencia política. Después, Benedicto XVI fue un papa que ya criticó abiertamente en la encíclica Caritas in Veritate el sistema económico presente en Europa como creador de crisis financieras, la pobreza y la desigualdad en muchos países y clases sociales. Sí, Benedicto XVI criticaba de manera pública el capitalismo y el liberalismo occidentales, así como sus males derivados en la pobreza y la opresión. Ahora, el papa Francisco I, desde su encíclica Fratelli Tutti, escrita durante los inicios de la pandemia del COVID-19, vemos una posición más político-social por parte del papa, que se presentaba en su anterior encíclica Laudato si’.

Ya, desde el inicio de esta encíclica vemos que se predica «un amor que va más allá de las barreras de la geografía», dando a entender, como prólogo, las exposiciones siguientes a favor de la inclusión en la sociedad de los que más sufren porque, a pesar de la hiperconexión, existen grandes desigualdades y brechas económico-sociales que fragmentan la sociedad. Unido a estos ideales vemos, además, una crítica al individualismo posmoderno que ya se predicaba desde hace treinta años por algunos de los sociólogos más importantes en el entendimiento de la sociedad posmoderna.

Una de las citas de Francisco I que más me ha llamado la atención es la siguiente: «Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. En varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales». Aquí, como es evidente, el papa critica el auge de los nacionalismos violentos, llenos del odio al migrante, con ideologías machistas, xenófobas, contra el colectivo LGTB y demás grupos que sufren exclusión, desprecio y violencia diariamente. Esto lo hace explícito más adelante, donde señala que el desprecio que hace la sociedad occidental surge en expresiones racistas que han de avergonzarnos como sociedad.

Asimismo, muestra su aversión a la imposición de un modelo cultural único que divide a las personas. Así pues, cita a Benedicto XVI: «la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos». Además, critica el individualismo en la política capitalista —cito textualmente— «donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores». Indica, del mismo modo, que los criterios para medir la pobreza que se usan actualmente no son justos, puesto que hace unas décadas la brecha tecnológica y la energía eléctrica no eran indicios de pobreza como lo son ahora, por lo que las reglas económicas occidentales sí resultaron plenamente eficaces para el crecimiento económico, pero no para el desarrollo humano, por lo que el mundo moderno realmente no ha reducido la pobreza, sino que ha actualizado nuevas formas de pobreza.

Más adelante, por otro lado, pone en duda conceptos que se repiten continuamente en la política como lo son unidad o libertad, siempre unidos a una bandera y que se distorsionan para ser instrumentalizados desde la vacuidad y justificar acciones. Así como señala esto, también dice que muchas veces se percibe que los derechos humanos no son iguales para todos los humanos, que hay derechos que se violan y se ignoran, tal y como puede ser el derecho a una vivienda o el derecho a la asistencia médica (a veces es realmente triste leer la Declaración Universal de Derechos Humanos y mirar, de primeras, el estado de España).

Conforme avanza la lectura de la encíclica Fratelli Tutti vemos la postura del catolicismo frente al neoliberalismo, las duras críticas al mercado, señalado éste como un dogma de fe pobre y repetitivo que acude a mágicos motivos. Asimismo, los populismos nacionalistas políticos también son criticados, puesto que estos atacan a los más débiles y en exclusión.

Se entiende, pues, que ciertos partidos políticos más a favor del cristianismo, que defienden la Iglesia Católica y la figura del papa, los valores cristianos y la filosofía cristiana son los más ajenos al mensaje del catolicismo y parecen quedarse únicamente con un rancio nacionalcatolicismo ya caduco, reflejo del machismo y racismo de otras épocas que no han de correspondernos. Aquí vemos como quienes defienden que Jesucristo fue el primer comunista, no están tan alejados de lo que puede ser el cristianismo, repartir la riqueza entre los pobres y la proclama del amor universal. Sí, la Iglesia vive todavía muy atrás, aún hay casos de abusos a menores vinculados a ella, un machismo que permanece cercano y un todavía rechazo al matrimonio homosexual, así como disparatadas calificaciones a los colectivos más vulnerables por parte de sacerdotes que se han hecho virales en redes, pero que lo negativo no opaque lo positivo —ni viceversa, claro está—. Habrá, por supuesto, quienes critiquen al papa. Ya se le ha llegado a llamar desde ciertas posturas políticas «el papa podemita yihadista», pero recordemos que esta visión político-económico-social se lleva dando desde Juan Pablo II, pasando por Benedicto XVI hasta llegar a Francisco I, el papa que nos ha hablado del fracaso ante una crisis mundial.

1 comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: