CULTURA

Reseña: “I’m thinking of ending things” de Charlie Kaufman: surrealismo y angustia existencial

Póster publicitario de “I’m thinking of ending things” en Netflix © 2020

I’m thinking of ending things es la tercera y más reciente película de Charlie Kaufman, estrenada en Netflix el 4 de septiembre de 2020. Se trata de una obra basada en la novela homónima de Iain Reid, publicada en 2016.

Kaufman destaca por su carrera como guionista, siendo obligatorio señalar su participación en ¿Cómo ser John Malkovich?, El ladrón de orquídeas y ¡Olvídate de mí!; de hecho, con este último filme recogió su primer premio Óscar en la categoría de “Mejor guion original” en 2004.

No fue, sin embargo, hasta el año 2008 cuando se decidió a iniciar su propia filmografía, siendo la primera en estrenarse Synecdoche, New York. Más tarde, en 2015, nos sorprendería con Anomalisa, una animación stop-motion. Su trabajo cuenta con un estilo surrealista muy reconocible, haciéndose latente la sensación de confusión en el espectador desde el primer minuto de visionado. No obstante, es exactamente eso lo que provoca que sea imposible abandonar la vista de la pantalla.

La película comienza con la que parece ser la protagonista, interpretada por Jessie Buckley (Chernobyl), subiendo al coche de su pareja, Jake (Jessie Plemons). Se dirigen a la granja de sus suegros, donde ella los conocerá, pese a que ya sabe que esa relación no tiene futuro. Por otro lado, los padres de él están interpretados por una magnífica Toni Colette (Hereditary) y David Thewlis; es a partir de la llegada al hogar que el filme se va oscureciendo cada vez más, creando una sensación de ansiedad que parece nunca acabar.

Jesse Plemons y Jessie Buckley en “I’m Thinking Of Ending Things”. Cr. Mary Cybulski/NETFLIX © 2020

Se trata de una película muy lejos de lo convencional, de la que poco se puede hablar sin llegar a desvelar la trama. Es importante saber que los hechos se desarrollan de forma intercalada, pues también podemos ver escenas en las que aparece un anciano, conserje de instituto, en su vida diaria.

“Pienso en el final. Jake es maravilloso. Es muy dulce. Es sensible. Me escucha, es inteligente. Pero hay algo que es inefable. Algo está profunda, indescriptible e irremediablemente mal.”

Póster publicitario de “I’m thinking of ending things” en Netflix © 2020

Destacan los pensamientos de los personajes, pues la joven desde un comienzo nos deja ver que quiere romper la relación; sin embargo, estas ideas intentan ser disipadas por Jake, que fuerza conversaciones a lo largo del viaje. Estos son diálogos existenciales por cuya profundidad y continuas referencias culturales ya merecería la pena verla de por sí. Este recurso nos acerca a la psicología de los personajes, o al menos debería, pues vemos de forma continua “fallas en la realidad”.

No es hasta conocer a los padres de él que empezamos a entender lo confusa que es la situación: la chica es llamada por distintos nombres y le son atribuidas diversas profesiones, como si tuviese múltiples vidas paralelas (aprovecho para recomendar Las vidas posibles de Mr. Nobody). La actuación de Toni Colette como la madre es sin duda el elemento que más tensión genera, llegando a resultar realmente incómodas ciertas escenas (a la vez que hipnóticas).

Jesse Plemons, Jessie Buckley, Toni Collette y David Thewlis en “I’m Thinking Of Ending Things”. Cr. Mary Cybulski/NETFLIX © 2020

A partir de la segunda mitad del filme, se nos obliga a alejarnos de todo convencionalismo; sólo queda un hastío y una profunda soledad que alteran la realidad hasta hacerla irreconocible: las lagunas temporales y espaciales se vuelven más notorias, generando aún más confusión, si cabe. Es entonces cuando debemos fijarnos en pequeños detalles, intentando conectar elementos con el objetivo de buscar la cordura entre tantos enigmas. En efecto, en este sentido puede desencantar al público más casual, pues requiere un visionado atento.

En definitiva, Kaufman busca plasmar de manera rocambolesca la parte más oscura de cada individuo: los complejos que nos devoran poco a poco, generando la imposibilidad de crear conexiones con los demás. Pero va más allá, representando cómo el dolor y la angustia que esto conlleva crece con el paso del tiempo, hasta que adquieren la capacidad de anularnos completamente. No me cabe duda de que la obra será capaz de envejecer de forma conveniente, y que se hablará de ella como película de culto dentro de unos pocos años.

“People like to think of themselves as points moving through time, but I think it’s probably the opposite. We’re stationary and time passes through us. Blowing like cold wind, stealing our heat.”

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