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Si eres lista, la poesía da dinero: los bots, Cabaliere y el Premio Espasa

Hace un mes se anunció el ganador del III Premio Espasa de Poesía, Rafael Cabaliere, venezolano de 34 años, que junto con su obra galardonada Alzando el vuelo, toma el relevo a las anuales polémicas de este premio literario.

Fotografía del perfil de redes sociales de Rafael Cabaliere

Si bien las polémicas de las ediciones anteriores giraban en torno a la escasa calidad de la obra, siendo la primera Irene X con La chica no olvida (Espasa, 2018) y el segundo Redry con Huir de mí (Espasa, 2019), a esta edición se le suma una polémica más, la de la existencia real del autor.

Aunque indudablemente la obra no parece merecedora de premio alguno por su pobre escritura cercana a los sobres de azúcar o Mr. Wonderful a juzgar por los textos que comparte el autor por redes sociales, es mucho más interesante la polémica alrededor de la (in)existencia del autor del libro.

No es un poema de Lope de Vega, es de Rafael Cabaliere

Se han escrito numerosos artículos debatiendo esto, analizando los bots que tienen sus cuentas en redes sociales, los posibles plagios y el hecho de que el autor no comparta fotos suyas y su nombre sea realmente un seudónimo.

Espasa lanzó un comunicado tras las primeras dudas en las que un supuesto Rafael Cabaliere, con un tono exento de alegría por el premio —que supone, además de la publicación y publicidad, una dotación económica de 20000 €— y similar al de quien habla secuestrado, con movimientos extraños de labios y cejas, un primer plano inquietante y un mensaje claro «existo» (justo lo que diría un robot…).

Cabe señalar, por otra parte, que el jurado compuesto por Luis Alberto de Cuenca, Marwan, Ana Porto, Alejandro Palomas y Ana Rosa Semprún declaró ganador a este libro entre 554 presentados, añadiendo que no fue por unanimidad. Sin embargo, no se especifica por qué no se declaró desierto el premio si, a los pocos días, varios miembros del jurado señalaron no haber votado este poemario. Entre ellos, Marwan, con agresivas declaraciones exculpándose y diciendo de no haber votado al Rafael Cabaliere.

Dejando este tema de lado puesto que otros artículos ya han ahondado en la posibilidad de que Rafael Cabaliere sea Henry, el famoso robot sexual que recita poemas y tiene un pene regulable, existe un debate filológico que se plantea al asumir que Rafael Cabaliere, autor de un poemario que ha ganado un premio al que se presentaron más de medio millar de obras puede ser un robot.

En los lugares más oscuros de la teoría literaria, allá donde no alcanza la luz de Pozuelo Yvancos y el positivismo se resiste a su desaparición, Jesús G. Maestro, teórico de la literatura, profesor en la Universidad de Vigo y autor de la Crítica de la Razón Literaria, tiene una definición inamovible de aquello que la literatura es. Esta definición siempre comienza con la misma primera frase: «la literatura es una creación humana y racional…». Esta frase, pilar indiscutible de su teoría literaria y lógica en tanto a que en siglos ningún animal o planta ha escrito un poema, una novela o una obra teatral, queda en entredicho desde inicios de septiembre. ¿Realmente un robot puede escribir poesía?

Imagen de Jesús G. Maestro en un vídeo de la Fundación Gustavo Bueno

Hace unos meses se puso de moda en redes sociales una página de internet en la que insertabas tu usuario de Twitter y a partir de ahí se «escribía» un poema según la métrica que introdujeses con frases de tus tuits escritos con anterioridad. Mucho jijí-jajá, pero recientemente una (no-)persona ha sabido sacar rédito de esto. Como decían en Paquita Salas: si eres lista, el Twitter da dinero.

La fórmula de escritura de Rafael Cabaliere tuvo su origen en Twitter, hace bastantes años, aunque al poco llegó a Facebook y más tarde a Instagram. Allí compartía sus poemas —que, tras la polémica de su calidad, ahora no son poemas afirma— diariamente, titulados con la fecha. Según han pasado los años, Cabaliere ha ido resubiendo los textos que tiempo atrás tenían más éxito en su cuenta, acumulando likes, retuits y seguidores. Ahora, que se pueden programar tuits, internet es un campo de innumerables frases cursis sin derechos de autor y existen programas que con base en algunos algoritmos pueden formular frases, escribir poesía puede verse como algo fácil que no requiere de una mente humana y una racionalidad.

Pero, qué es la poesía (Bécquer, no digas nada), ¿estas frases de Cabaliere y otros tantos autores son realmente poesía? Las escriba o no un robot, si se pueden confundir con creaciones de una máquina sin una mente humana de por medio, el componente poético parece enormemente escaso. La poesía es algo más que decir «te quiero» de manera original pulsando la tecla enter. ¿Hace falta prestarle atención a estos influencer como Defreds, Marwan o Cabaliere que escriben lo mismo una y otra vez bajo la etiqueta editorial de «poesía»? Más allá de la polémica que se plantea sobre si la poesía puede ser objeto de creación de un bot en vez de una persona, no creo que merezca atención este fenómeno fan adolescente. ¿Es esta la nueva poesía? Hay suficientes poetas jóvenes de enorme calidad como para que esta pregunta sea un absurdo. En los últimos años, poetas como Juan Gallego Benot, Francisco Javier Navarro Prieto, María Elena Higueruelo o Rosa Berbel entre otros han dejado claro que la poesía está en buenas manos.

Lo que sí es cierto es que actualmente se le puede llamar «poesía» a cualquier cosa, las redes sociales han distorsionado en los lectores este concepto tan popular. No todo el mundo tiene conocimientos filológicos que le permiten identificar una métrica, un ritmo y una retórica. Es fácil que alguien que no ha leído jamás a John Ashbery o a Gil de Biedma piense que Cabaliere o Defreds escriben poesía, aunque esos versos cursis sean fruto de un bot, porque casi todo el mundo puede tener redes sociales y un famoso con libros en verso se considera poeta.

Poema de El fénix de los ingenios, Rafael Cabaliere

No se cuestiona la razón detrás de la palabra o del vago significado, casi ningún adolescente se pararía a leer en Instagram un fragmento de El Polifemo, pero sí leería una foto bonita con un verso de Defreds. Porque las redes sociales son así, prima el consumo rápido, el usar y tirar. Frases breves y fáciles con las que cualquiera se puede identificar, un lenguaje sencillo y simple.

Da igual si hay una mente humana o no que escriba «joder, / te quiero, / macarrones» porque hay editoriales que han perdido la dignidad editorial y son simples empresas que apuestan por la superventa, los libros de estos influencers que ahora son productos de marketing esperando una firma y una foto. Entonces, los bots —como podría serlo Cabaliere— son mecanismos que generan un gran consumo y, por tanto, dinero y riqueza a la editorial.

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