CULTURA

Clasismo y ortografía: embeces la bida no es como keremos

Han pasado ya más de veinte días desde que el escritor Manuel Vilas escribió su polémico tuit en que criticaba los errores ortográficos con el tono dramático épico-costumbrista que lo caracteriza.

Vilas, autor de novelas como Ordesa (Alfaguara, 2018) o Alegría (Finalista del Premio Planeta, 2019), reavivó sin saberlo un debate lingüístico y social alrededor de la ortografía y el clasismo.

Un día después de la publicación del polémico tuit, apareció Arturo Pérez-Reverte en el debate citando un tuit de una respuesta a Vilas que defendía la postura de que la ortografía es un marcador de clase y criticaba la norma académica frente a un nuevo sistema educativo ajeno a esta norma.

Pérez-Reverte, académico de número de la Real Academia Española y autor de novelas como El capitán Alatriste o Falcó, con la delicadeza que caracteriza a sus respuestas en Twitter, escribió un tuit con un desmedido número de faltas de ortografía forzadas para mostrar el impacto que hacen estas faltas de ortografía en la lectura.

La polémica de la ortografía y el clasismo se ha ido extendiendo, con debates entre filólogos y no tan filólogos a lo largo de los días y las redes sociales. Un alto número de conservadores de la lengua y el manuscrito casi unamuniano contra los más distanciados de la norma que abogan por una Academia puramente descriptiva. Entonces, ¿Es la ortografía en realidad un marcador clasista o una norma obligatoria que todo el mundo ha de seguir siempre?

La verdad, ni una cosa ni otra. Como ocurre casi siempre en la lengua, uno de los factores más importantes en la comunicación es el contexto.

Ni vas a escribir un mensaje de WhatsApp como si fueses Inés Fernández-Ordóñez defendiendo una tesis, ni vas a escribir un TFM como Pedro Sánchez escribía sus tuits en 2011.

El principal de los motivos es de la ciberlengua, una lengua más relajada ortográficamente que se da en contextos como WhatsApp, Twitter, Facebook, etc. Nadie se puede sentir culpable por no poner las comas o mayúsculas en un tuit, los puntos o los signos de apertura de interrogación en un mensaje de WhatsApp o alguna errata en una publicación de Facebook.

Primeramente, por lo dicho, el registro informal de las redes sociales implica esta relajación y quienes tienen un mayor nivel de conocimientos en la lengua pueden bajar el grado de formalidad en el registro para adecuarse al contexto.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que a día de hoy casi todo el mundo tiene acceso a un teléfono móvil o a un ordenador, por lo que en las redes sociales podemos encontrarnos con gente de distintos niveles socioculturales, diferentes variedades diastráticas que implican diversos sociolectos.

No todo el mundo ha tenido acceso a una educación básica, a estudios universitarios o es hablante nativo de la lengua. Por ello, menospreciar a un usuario de redes sociales por escribir «aver» o confundir los «hay, ay, ahí» sí es un acto clasista con soporte en la lengua. Es clasista criticar un error ortográfico en redes sociales porque se asocia la falta ortográfica con una carencia de conocimiento propia de una clase sin educación más baja, autoposicionándose el que critica por encima en conocimiento del que ha cometido el error ortográfico.

Del mismo modo, como he mencionado antes, todo depende del contexto, porque si a un estudiante de bachillerato o universitario, nativo de una lengua o que se supone que tiene un cierto nivel de la misma, sí se le puede exigir un mayor nivel de conocimientos en el idioma, como no cometer errores ortográficos en un examen de selectividad o en un TFG de la talla «aver» o «hay, ay, ahí».

Entonces, el tuit de Vilas puede interpretarse como un mensaje hacia estos contextos, el de la lectura de un trabajo académico, un examen o una novela —teóricamente revisada por experto en la materia—, donde una falta de ortografía sí produce un impacto negativo en el lector. Seguramente Vilas no pensó en cómo las redes sociales están a disposición de casi todo el mundo, pero por desgracia no todo el mundo ha tenido una educación básica. Vilas no pensaría en los WhatsApp, sino en alguna novela quizás.

En cambio, la respuesta de Pérez-Reverte choca en redes sociales con el gran número de faltas de ortografía por inverosímil y forzada en un académico de número en la RAE. Además, recordemos que, estrictamente hablando, Pérez-Reverte también comete faltas de ortografía al tildar la palabra «solo» cuando no hay posibilidad de confusión en significados, puesto que la Academia le robó la tilde hace ya unos años.

Como conclusión, pues, vemos que el contexto es determinante y fundamental a la hora de establecer si es clasista la ortografía, ya que al fin y al cabo todos cometemos algunos que otros errores, no todo el mundo ha tenido acceso a una educación y en un trabajo universitario es normal que se presupongan unos conocimientos de acuerdo a una norma consensuada. Y, sobre todo, como dijo nuestro presidente allá por 2010: ser malos! Buenas noches colegas.

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