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Un inicio con examen sorpresa, la apertura de la educación en España

El sistema educativo español recibe una prematura lección en los primeros días de la reapertura de los centros. Resulta complicado imaginar cuáles serán las consecuencias de ralentizar y detener de forma súbita el presente y el futuro de 8 millones de estudiantes en España, la incógnita sigue sin resolverse desde aquel 16 de marzo en el que las persianas de los colegios, institutos y universidades pusieron un punto y aparte en su actividad.

La enseñanza espera recuperar su latido después de varios meses de letargo. El irremediable frenazo a la que se vio sometida la educación debido a la galopante expansión del Covid-19 tiene los días contados. esas son las expectativas de los directores de los centros y las administraciones.

No obstante, la realidad a día de hoy, es bien distinta. La incorporación de los alumnos a las aulas, la cual se está llevando a cabo de manera escalonada en todo el país, está sirviendo para tomar la temperatura a un proceso complejo cuyos resultados son inciertos, los epidemiólogos señalan que la escuela representa un indicador muy valioso en la valoración del nivel de transmisión del virus en una comunidad.

Los números hasta el momento son esperanzadores pero no definitivos. En esta primera semana de reanudación de las clases, en los colegios se han contabilizado únicamente 120 incidencias relacionadas con la pandemia, solo 120 de los 5 millones de alumnos que comenzaron el nuevo curso, a falta de que se incorporen el resto de integrantes de la comunidad estudiantil (3 millones de jóvenes más), una prueba de fuego en toda regla.

Lo que a nadie extraña es la creciente preocupación de los padres y madres, quienes perciben que a las autoridades competentes se “les ha echado el tiempo encima” y ahora, a la vuelta de vacaciones, no cuentan con un plan claro y conciso que garantice la presencialidad y al mismo tiempo, la seguridad de sus hijos. Ante esta situación, los centros valoran dividir las aulas en grupos “burbuja”, con el objetivo de evitar aglomeraciones y facilitar la tarea de aislamiento y puesta en cuarentena de un grupo, en caso de detectar un caso positivo, en lugar de clausurar la totalidad del colegio, con el perjuicio que ello acarrea. Para el primer mes de curso, las comunidades autónomas han hecho acopio de centenares de miles de mascarillas y decenas de miles de litros de gel hidroalcohólico.

Mención especial merece el polémico dilema que se les presenta a muchos padres y madres, los cuales se debaten entre priorizar la salud frente a la obligación de que sus hijos acudan sin falta a clase. La ministra de educación, Isabel Celaá, recuerda a los padres que “la educación es un derecho fundamental” y que la vulneración de este derecho conllevará medidas coercitivas para aquellos que decidan saltársela deliberadamente. Por fortuna, la mayoría de los jóvenes han acudido a las aulas en esta primera semana de vuelta a la “normalidad”.

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